domingo, 22 de marzo de 2015

LA DEMOCRACIA Y LAS ELECCIONES EN MÉXICO




Guillermo Almeyra

Los trabajadores mexicanos, como todos los explotados y oprimidos del mundo, anhelan un cambio social logrado con métodos pacíficos y democráticos, pues conocen en carne propia y por la historia el precio en sangre y en sufrimientos de los cambios violentos. Pero cuando no pueden mantener su modo anterior de vida, ni asegurar su existencia misma, pueden verse obligados a reaccionar colectivamente y a responder a la violencia criminal del Estado y de los delincuentes y a la injusticia con la autodefensa y con una acción violenta liberadora.

Para que hoy en México un cambio por vía electoral fuese posible debería imperar un grado mínimo de legalidad y de democracia, y el Estado de la oligarquía y del capital financiero internacional debería ser capaz de respetar lo que dicen las urnas, aunque el veredicto le fuese desfavorable. Pero ¿quién puede creer en la posibilidad de elecciones limpias, con resultados honestos, cuando la violencia desenfrenada decapita, como en Guerrero, candidatos, decidiendo así por anticipado quiénes representarán al Estado capitalista, y cuando la llamada justicia y las fuerzas del orden a su servicio consolidan la alianza entre el aparato estatal y un narcotráfico sostenido y alimentado desde Estados Unidos para someter y dominar a México y obtener mano de obra y recursos baratísimos?

Si Estados Unidos amenaza a Venezuela porque ese país es políticamente independiente, aunque siga siendo dependiente en materia económica, y porque ayuda a las economías cubana y caribeñas, ¿es posible creer que aceptaría en México –que está integrado a la economía y la sociedad estadunidenses– un gobierno con veleidades de independencia? Si durante la Revolución Mexicana, cuando Washington no tenía aún un ejército, Estados Unidos invadió México y ocupó Veracruz, ¿permanecería ahora pasivo cuando es la primera potencia mundial y decide sin apelación quién amenaza su seguridad interna?

¿Podría ser garante de elecciones libres un gobierno nacido del fraude y derivado de otro gobierno que militarizó el país, mató a decenas de miles de personas y metió el narcotráfico dentro de las fuerzas armadas?

Si en Guerrero los comuneros, los campesinos, con el apoyo de los demás explotados y oprimidos, eligen el camino de la autodefensa porque no creen en los aparatos del Estado ni en su justicia tuerta, que ve sólo los intereses de los poderosos, y se autorganizan y arman para garantizar sus vidas y la democracia, ¿es sensato y moralmente aceptable dejarlos solos para colaborar en la farsa de elecciones regionales, imposibles de realizar en las actuales condiciones?

Durante mucho tiempo los capitalistas negaron el voto a los trabajadores y a las mujeres, que conquistaron con duras luchas su derecho a sufragar. El voto es algo que debe defenderse. No se trata hoy, pues, de negar las elecciones por principio, sino de contraponer a esta farsa electoral en Guerrero las elecciones democráticas, en asamblea, de los representantes populares y de los ciudadanos en armas designados por esas asambleas para combatir los delitos y los abusos de todo tipo. Se trata de garantizar el derecho democrático de seleccionar –y revocar, si es necesario– los propios representantes elegidos por voz popular.


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